Ideas preconcebidas

Imagen de http://lgam.wdfiles.com
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Nunca me han gustado las naranjas, ni las mandarinas. Las veces que de niño intenté comer un gajo no era capaz de tragarlo porque me daba asco las pieles y la textura que tenía. Era incapaz de comer una aunque el zumo de naranja me encantaba.

Hace un par de semanas intenté comerme una mandarina y para mi sorpresa me encantó y fui capaz de tomarme la mandarina entera. La textura de la piel ya no me desagradaba y el sabor de cada gajo era como una explosión de sabores.

Entonces en ese mismo momento, me vino una revelación. Me había tirado muchos años sin tomar naranjas porque asumía que no me iban a gustar ya que en el pasado no me gustaron. Quizas no solo no he hecho esto con las cosas que me gustan sino con las cosas que puedo y no puedo hacer. Con las capacidades o habilidades que tengo.

Entonces me vinieron a la cabeza muchas preguntas: ¿Cuántas cosas he dado por supuesto porque en el pasado no he sido capaz de hacerlas? ¿Qué cosas no he hecho porque asumía que no podía hacerlas sin ni siquiera intentarlas? ¿Qué hubiera pasado si lo hubiera intentado y hubiera sido capaz de hacerlas?

Todos vamos creciendo tanto a nivel físico como mental por lo que las cosas que no pudimos realizar con éxito en el pasado puede que ahora seamos capaces.

Esto me recuerda un cuento que leí sobre un elefante. Un elefante de un circo que está atado por una cadena de metal, y que está sujeta a la tierra por una estaca enterrada a pocos centímetros. Un niño que estaba con su padre en el circo ve el animal y le pregunta a su padre como es posible que no salga corriendo. Porque con la fuerza que tiene el elefante le resultaría muy fácil sacar la estaca de la tierra y ser libre. Su padre le contesta que desde que era un bebé el elefante ha estado atado a la cadena y que intentó escaparse muchas veces pero no tenía suficientes fuerzas como para hacerlo. Y que aunque han pasado los años y el elefante se podría zafar fácilmente de la cadena no lo hace porque recuerda lo que le pasó cuando era un bebé y asume que no podrá ahora.

El elefante no intenta escapar porque se ha rendido y piensa que el es el mismo elefante que hace años no pudo escapar.